domingo, 21 de mayo de 2017

LA CRIPSIS DEL TIEMPO



Habéis oído hablar de la cripsis?
ese curioso fenómeno
por el que algunos insectos o animales
se asimilan a su entorno
y esa adaptación les hace inadvertidos?

Su método de ataque es su apariencia inofensiva.
Las presas, confiadas, se acercan
embriagadas con su aroma y hermosura
y pagan  muy cara su inocencia última
al allegarse a su verdugo.

Así el tiempo nos espera camuflado
envuelto en su belleza
de hoja o rama desvalida
haciéndonos pensar
que no existe su amenaza.

La juventud, efímera, nos envuelve
en su perfume de inmortalidad,
y el amor en su grandeza, lo ignora
y no advierte su peligro
ni la traición que nos tiene preparada.

Halagador, el tiempo finge que nos regala
todo aquello que pronto ha de quitarnos.

Cuando, al fin del ardid percibimos el engaño,
es ya muy tarde. La noche ha caído
y no brillan las estrellas.
Estamos ya demasiado fatigados.

Hernán 21/05/17


jueves, 18 de mayo de 2017

EL PRINCIPIO DE PETER Y LOS POLÍTICOS




Hoy he leído una interpretación en un diario, del libro  "The Peter Principle". En 1968, Laurence J. Peter publicó este libro, en el que enunciaba una de las sentencias más conocidas en el campo de la dirección y administración de empresas. El Principio de Peter dice que: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel total de incompetencia”.
Este  principio es totalmente válido para la jerarquía política. Creo que no hace falta enumerar los políticos que han llegado con gran aprovechamiento a ese estado.

Algo que siempre me ha llamado la atención es que en España deben hacerse oposiciones para médico de la Seguridad Social, arquitecto municipal, inspector de Hacienda, abogado del Estado, fiscal, juez, o cualquier puesto público. Hasta un profesor de instituto o catedrático de universidad deben hacerlas. Y, sin embargo, el aspecto más decisivo en nuestras vidas, la actividad política que determina el presente y condiciona el futuro, puede caer en manos de cualquiera. Teóricamente podríamos tener un presidente de gobierno analfabeto, o peor, psicológicamente afectado ( Trump?) y, ya no digamos, los jefes de estado que nos ha provisto la historia.

Siempre me ha pesado la manga ancha que  tuvieron nuestros catedráticos y profesores en los exámenes de escuelas técnicas cuándo se trataba de ortografía y gramática, y así nos luce. Pero esas cartas públicas de nuestro Presidente del Principado, con veinte faltas en un folio de veinticinco renglones,  o ese tweet de una concejala de cultura de Valencia con treinta faltas en diecinueve líneas ( sin contar con la horrorosa redacción ), nos hace pensar en la talla de nuestros políticos y para qué sirve el dinero de miles de asesores.

Hernán 18/05/17

martes, 25 de abril de 2017

EL URRIELLU ( Mal llamado Naranjo de Bulnes)


 
     En la foto estoy en la mitad
de la travesía de los canalizos

A buen paso cruzamos las invernales del Texu.
Dos docenas de cabañas construidas con piedra
madera y barro cocido; primarios materiales
que el hombre utilizó con sabiduría desde
el origen, y únicos que se deberían permitir
en estos pueblos de montaña.

(Nada es más bello y útil  que una teja de barro:
cobija el agua y la hace discurrir,
rumorosa, hasta las afueras del hogar.
Canal y cobija;  dos utilidades en la misma forma.
Dos superficies curvas tan eficaces como la rueda.
El hombre nunca más usaría las cavernas.

Y la madera... dócil y hermosa . Puede ser violín
o leño de un fuego; puerta que protege el hogar
o cuna donde nacemos. Cualquier cosa.

De la piedra, luego hablaremos.)

Enseguida, cruzamos un bello puente 
abrazado por la hiedra.
El antiguo camino de Urriellu, 
que tantas veces transitamos,
se pierde entre las hojas abatidas del otoño.

Los castaños, pródigos, siembran las hojas
de semillas protegidas por finas agujas
que al abrirse regalan brillantes frutos de invierno.
Los pinzones y jilgueros escondidos en las ramas
hacen cantar a los robles centenarios.

Al llegar al collado Pandébano, una mujer 
de ojos sabios y rostro curtido, nos ofrece el queso azul
que madura en las entrañas de la roca.
Va envuelto en una piel de hojas de arce humedecidas.
Es una delicia, y allí mismo comemos un buen trozo.
En la mochila no, pues en el refugio puede dar lugar
a algún equívoco.

La Luz como una flor envejecida cae lentamente.
Poco a poco se acrece la noche hasta ocuparlo todo
e invadirnos.

El nuevo camino mordido a la roca se adentra
en el collado Vallejo y zigzaguea plateado
por El Torcón y El Valle del Agua.

Entre la húmeda niebla y la oscuridad, 
unos ojos brillantes como luciérnagas, 
siguen  nuestros pasos.
Los rebecos parecen espectros revoltosos.

El mas grande alpinista de Picos nos acompaña.
Los años no parecen hacer mella en él;
la cadencia de sus pasos es suave y constante.

Los jóvenes nos adelantan a buen ritmo.

Pedro me mira sonriendo y me dice socarrón:
— Unos van con gasoil y otros con gasolina.
Al poco rato los encontramos desperdigados
y perdidos, gritando nerviosos para orientarse.
Equivocados se han metido a la canal de La Celada.
A mí lado Pedro Udaondo sonríe: sabio, en silencio, 
con cierta sorna en la mirada.

Habíamos llegado al refugio. Teníamos frío 
y temblábamos bajo camisas empapadas de sudor.
Salió el guarda-Tomás- a abrazar al " rey de los Picos".

Después la cena.

Ningún plato gourmet se puede comparar
por el plato de un refugio: patatas, chorizos y huevos. 
acompañado de historias montañeras.

En la cena se ha ido la luz y han puesto velas.
Alrededor: el fuego de una lumbre; amigos, silencio,
y la aventura del Picu en las espaldas.
Más tarde las brasas se rinden lentamente.

Hay chovas de silencio cantando en mis oídos.

Ese silencio absoluto solo se puede sentir en las alturas,
un silencio solo roto por el eco del viento.
Es entonces cuando la luz también se convierte en eco.
Las noches apoyadas en el primer instinto de aventura, 
el instinto más primario; sin él no hay vida.

Tengo deseos  de salir y exaltar la noche
de unirme a ella con sus ecos y su silencio
en la pared transida de reflejos.

Me llega el recuerdo de un instante, ya muy viejo.
Una noche de tempestad en El Urriellu,
cuando al alba, un rayo, como una cuchillada,
encendió la roca, y una cascada de luz bajó por las laderas,
y luego la paz de nuevo, y el silencio 
cuando encontró la madre tierra.

Al amanecer hablábamos despacio
esperando la luz para aventar el miedo.
Fuera rezaba  el viento.

Un frío empaña los cristales y en las montañas
se vislumbra un óxido de lunas afiladas.

Llega el alba y la conciencia retoma sus dominios.
Arde la claridad, asoma el día,
pero no acaba de entrar entre la niebla.

En un silencio pródigo de nubes,
Solo oigo mis eternas compañeras.

Asoma la luz, 
como una marea que nos inunda de blancura. 
Un mar de nubes se funde con el cielo.
Al norte emergen las cumbres del Cuera
como los restos de un naufragio afloran
en medio de una tempestad.

Cargamos las mochilas a la puerta del refugio.
Debajo de carámbanos de hielo, 
nos despedimos de Udaondo.
Él ya tenía ciento cincuenta ascensiones al Picu
y la primera invernal. Su objetivo ese día era otro.

Cómo adivinar que un resbalón por Las Barrastrosas
y trescientos metros de caída, acabarían con su vida.
Allí entre lo que más amó.

Es la montaña; así es como sucede.

En fila, haciendo huella, nos adentramos
en la canal de La Celada.
La lluvia blanca restalla contra los muros de caliza
Las nubes nos cubren como un sudario; nos envuelven.
La luz aprisionada en la sombra se transfigura
de repente en un resplandor que nos deslumbra.

De pronto, se abrieron en dos las nubes,
y como la estela de un dios desconocido,
se mostró el inmenso espolón norte,
desfigurado por una negra cicatriz.
Una inmensa quilla hendida por la oscura chimenea 
que como una cuchillada la discurre.

Por ella subió descalzo El Cainejo
y Pidal ,el aristócrata cazador de rebecos,
en un día neblinoso,
que les evitó la tortura del abismo.
Un monolito de piedra dejó constancia
de aquella hazaña extraordinaria 
de los conquistadores de lo inútil 
De testigo: algunas chovas
y la acritud callada de la roca.

La canal, exhala un vaho húmedo
a brezo y musgo y algo perverso, inabarcable,
se desprende por ella.

Con algo de esfuerzo y a golpes de piolet,
llegamos al JouTras el Picu.
La pared cortada a hachazos es nuestro destino .

Mirándola, me pregunto: ¿dónde empieza ese gris,
donde termina ?
¿qué mano secreta ha tallado ese cuerpo
de líneas esbeltas, delicadas?

Como una antigua ceremonia, nos encordamos:
As de guía, clavijas de acero, mosquetones, 
pies de gato, chubasquero, y sin olvidarnos el casco.

El primer largo tiene dificultad. Las rocas están lavadas
por la lluvia y el agua las cubre de escarcha;
el suave orvallo (1) las lame y las vuelve escurridizas.
Empieza entonces una  cadencia armónica,
como una danza.
Cada paso apaga el tiempo y la duración 
es el ritmo de la lluvia.

Los ojos se deleitan en las grietas de la roca,
en lugar que en la cumbre,
en la nube, en lugar que en el cielo.
Crecen entre las grietas flores de inaudita belleza
y colores inesperados
Solo nosotros, los pájaros e insectos,
podemos disfrutarlas.

El viento baila en torno y riza las cuerdas, las embrolla.
Se oye el tintineo de aceros 
clavándose en minúsculas fisuras, 
buscando las entrañas de la piedra.
Seguridad efímera, pues la pared es sólida, sin resquicio;
como el carácter recio de los hombres de esta tierra.

El vacío se hace vertiginoso.
¿Quién sino, esos momentos alargan el tiempo
y agigantan los ángulos torcidos de la roca?

Se funden las palabras con el compañero de cordada
con las que me distraigo del abismo.
Quisiera guardar esos instantes; invisibles,  
como piedras desnudas. 
Que no transcurriese el tiempo.

Otro paso nos espera; una llámbria lisa,
surcada por canales que el paciente discurrir del agua
ha lamido a la roca. Como lágrimas en un rostro atormentado.

Una caída aquí es un péndulo impredecible.

Terminada la peor zona, trepamos ya por el anfiteatro
con ansias de la cumbre.
De pronto, un alud de piedras, como si se deshiciera
la montaña, nos coge de improviso.
Zumban a nuestro alrededor como un enjambre rabioso.
Al chocar, saltan esquirlas
y queda en el ambiente un olor acre de azufre .

Hemos tenido suerte, y el casco y la mochila
nos salvó de algo más serio.

En la arista cimera el sol araña la roca 
y pide su oportunidad.
Aquí el abismo se asienta en toda su grandeza.

Al final de este filo está la meta.

El tiempo gira en torno de ese instante
en esa cumbre anexa al infinito.
Haber soñado años con este día
y estar aquí, de pronto; exento, callado, sin edad.

No cruzará de nuevo esta nube sobre Urriellu.
Gocemos este instante

Roca: dame valor y miedo para volver de nuevo a ti.

Hernán 24/04/17


(1) en asturiano L'Orbayu, Orpín
En castellano: RAE: orvallo, orballo, Indistinto


viernes, 21 de abril de 2017

UN HOGAR PARA LOS VERSOS



Busquemos un hogar para los versos

Andan por ahí, dando piruetas, moviendo el rabo,
mirando con ojos de tristeza; como esos perros vagabundos
abandonados por sus dueños en cualquier sitio:
en una autopista, en un basurero o algún sórdido callejón.
Y allí estáis con vuestra pena: solos, abatidos,
Implorando un hogar o que unas manos tendidas os acojan.

¿Cuántos caminos deben de recorrer las palabras
para llegar a los labios de una multitud y respirarlas?

Los versos anidaron en guitarras y como palomas
fueron lanzadas al viento en Woodstock.
Las preguntas siguen flotando en el viento
en busca de alguna respuesta.
Ua brisa fresca y joven las libera.
Palabras de aire y en el aire pérdidas.

Pero no llaméis a esa puerta.
Aquellos jóvenes de amor libre y melena plateada
que bebían de la vida hasta saciarse;
que se bañaban al amanecer
desnudos en los lagos y fumaban marihuana,
están ahora más preocupados
por la acritud del invierno en su garganta
y en  llegar a fin de mes con el subsidio;
que sentir de nuevo esa angustia
que enciende lo que toca;
ese latido unánime y ciego, que no sabe detenerse.

No busquéis en los escombros de otra época,
ni en los cimientos de una generación
que no ha nacido.

Hace tiempo que el declive es el único destino.
Nadie os ha dado muerte, estáis muriendo solos:
de olvido, de soledad, de indiferencia.

Alguien dijo que la poesía es lo contrario de la muerte.
Pero está perra vieja y solitaria,
cansada de recibir palos y lamer manos;
solo busca un lugar donde morir,
tranquila y en silencio.
Cavemos en la arena y enterrémosla con dignidad
con el decoro que  se merece una reina
o una lujosa meretriz,
Que el viento y las mareas levanten las cenizas
del recuerdo y lo mantengan en el aire.

Palabras que el horizonte absorbe cada tarde.
Respuestas de Woodstock flotando todavía.
Palabras que se deslizan en la arena
y el mar las humedece, incontenibles
huyen gota a gota, lenta, mansamente
caen hasta el azul  y allí se pierden
hasta que alguna nueva generación las resucite.

Hernán 21/04/17


martes, 18 de abril de 2017

EN MEMORIA DE UN ABUELO




A Manuel Blanco Parmo 
Mi abuelo, al que no pude conocer 


Habría una saca de presos esa noche.
Lo sabían al oír emborracharse a los verdugos.

Los hombres metían notas de despedida
por debajo de las puertas. Notas de amor.
Hervían  plegarias en los labios de las mujeres.
Las lágrimas se deslizaban suavemente
en las mejillas de madres atormentadas de dolor,
encanecidas en el vértigo de la espera;
con el tacto vacío entre sus manos

Hombres al borde de tapias infamantes,
amortajados en la rosada luz del alba
con  azogue en las pupilas.
Detrás de túneles de acero estaba el plomo
y mas lejos el brillo de los párpados
exhalando un vacío doloroso.

Rostros petrificados por el silencio
enfrentados al pánico y la nada
resignados al fin a no existir.
Se les ha negado hasta
un beso fugaz de despedida
o el tacto de una piel entre los dedos.

Un desolador deseo de ir hacia la protección
de unas manos, invocando  el pasado;
el primer beso. Que la vida deponga
sus cuchillos afilados.

Después de cincuenta años de que yo naciera
pude encontrar al fin tus restos,
confundidos con otros dos mil quinientos,
bajo una losa de granito idéntica a otras muchas.
Allí están tus sonrisas que jamás podré ver,
porque las tierra se las trago sin devolverlas.

Si pudiera  huiría contigo esa mañana
de cristales lívidos, roja en las acequias
para darte un poco de calor, de humanidad.

He visto  ese depósito de sufrimiento:
injusticias calladamente consumidas,
humillaciones, puños apretados disimulando la ira.
Todo  se guarda aquí en silencio, inconmovible,
bajo losas de granito: gris, oscuro; como la vida.

Las lágrimas de sal, germinaron malas
hierbas, matojos peleando entre las grietas.
Una florecilla solitaria crece
con  amor entre dos losas de cemento.

Un hombre ya viejo las limpia con ternura.
Sus dedos, como ramas secas, agostadas,
acarician la flor y sueña con risas de su padre.

Ese día yo también plante una rosa en tu recuerdo.
No podrás verla ni oler su aroma
y se marchitará seguramente en el invierno,
pero será un testigo fugaz de mi presencia.

Entre tanto,
llega otra vez la primavera
Y junto a las tapias
crecen rojas amapolas
como una venganza sutil de la naturaleza

Hernán  18/04/17






domingo, 16 de abril de 2017

LA CRISIS SE HA GLOBALIZADO



El otro día, se ha publicado un informe
en una de esas empresa de moda
que se dedica a las estadísticas y encuestas,
que en el cíelo existe ahora una gravísima crisis.
Certifica, que la población mayoritaria:
los niños, están perdiendo el ochenta por ciento
de su peso en almas, debido a la hambruna
y a una época inusitada de sequía espiritual.

En el minucioso estudio, se contempla
que una de las razones de este descalabro,
es que la otra población: ancianos, desposeídos,
perdedores y mendigos; llegan tan mermados,
en su salud anímica y psíquica, y tan exprimidos
por sus deudos, (despojados primero de bienes
terrenales, y aniquilado después su orgullo
y su pasado en instituciones benéficas, o mancillada
su dignidad en manos extrañas )
que van llegando al paraíso en oleadas  de almas
tristes, extenuadas y estériles, que no aportan luz
ni esplendor al reino de los cielos.

Anda dios por  la entrada al paraíso
acechando  a las almas;
cabizbajo, alarmado, fumando sin parar,
preguntando a Pedro y a sus ministros:
 -¿como es posible que una crisis tan enorme
 nos haya cogido por sorpresa?
 Pedro ,con rostro muy serio, responde:
-señor, nuestros mejores clientes de bula
 y comunión diaria (magnates, oligarcas,  clérigos
 de renombre, reyes y políticos encumbrados)
 se han pasado al enemigo y le han vendido sus almas.
-Pero, ¿como es posible? ¿En que hemos podido fallar?
-pregunta Dios colérico -
-Señor, Satanás y sus acólitos, llevan tiempo reformando
 sus instalaciones. La institución no es lo que era.
 Han conseguido menguar el fuego abrasador convirtiéndolo
 en una  vivificante y cálida brisa, (con las técnicas chinas
 mas modernas, y filtros de rayos UVA ).
 Han instalado spas de aguas termales sulfurosas,
 especializados  en blanqueo de almas. Y los cocteles
 al ron y requemados " Al Averno" son de gran estima.
 Sin contar con la cantidad de bellezas que por instinto
 natural siempre han preferido ese ambiente de jarana
 y promiscuidad, al nuestro, tan serio y reposado.
 Es competencia desleal,Señor, contra eso nada se puede.
 Además las almas, al estar depauperadas y raquíticas,
 en estas zonas altas, pasan frío, y deambulan por ahí
 como almas en pena que lleva el diablo.

 Como su más humilde servidor-magnánima majestad- mi
 consejo , antes de que sea tarde, sería que el Cielo
 entrase en concurso urgente de acreedores.
 O -aunque siento vergüenza al proponerlo- una UTE
 provisional con el Averno .
En sus manos -señor- está el destino de los cielos .

 Hernán 15/04/17

jueves, 13 de abril de 2017

CUANDO YO CREÍA EN MILAGROS



Si hay algo que siento en esta vida
es no haber sido testigo de algún milagro.
No me importa que fuera de un dios o  de varios,
no tengo predilección.
Parece que como haber  hay muchos,
aunque pensándolo bien,
quizás sea el mismo con distintos pasaportes.

Siempre sentí fascinación por los milagros.
Ya desde muy pequeño estuve atento
y rece mucho animado por los padres jesuitas.

Me aplique con fervor a todo tipo de oraciones
que plagiaba sin pudor de estampas y misales .
Aunque reconozco que mis primeras plegarias
eran poco trascendentes.

Lo de "superpoderes" me costó algún moratón
y un ojo negro.
Aquello de "la atracción irresistible", no surtió efecto.
La niña rubia seguía sin mirarme y jamás lo hizo.
Lo de "alto y listo", ya lo consideré más que un milagro,
y no hice ni un intento.

Entonces se me ocurrió
que quizás estaba pecando  de egoísta,
y empecé a pedir para los otros.

Comprendí enseguida que mi petición de maldades,
en los curas no surtirían efecto,
debían de estar protegidos por algún sagrado blindaje.

Después de acudir a unas charlas
de un misionero barbudo, con aire de pirata
o de mendigo irreverente;
empecé a vislumbrar  que allá afuera
había un mundo mucho más cruel que el de un niño
solitario abandonado en un internado.

Yo estaba flacucho y pasaba hambre;
pero nada que no pudiera remediar
alguna manteca casera de mi madre.
Tenía el culo amoratado de los palos del maestro;
pero aquellos niños no tenían culo,
solo eran piel y huesos, y unos ojos negros,
grandes como pozos, que interrogaban sin respuesta.

Animado por lo de "los panes y los peces",
empecé  a pedir milagros a diestro y siniestro.
Imploré a mi Dios y a todos los que por ahí
anduvieran camuflados.

Solo les pedía pan y alubias
(no les fuera a causar algún esfuerzo)
pero ellos pedían menos:
de momento se contentaban con agua y un poco de cariño:
agua para soportar  al menos un día más
y el cariño para  sobrellevar el miedo de la noche
con sus  atronadores relámpagos de muerte.

Pero el cariño que les quedaba,
estaba ahora sellado  bajo una cremallera,
y las lágrimas de siglos,
eran como escarcha reseca
en el cauce de un arroyo después de una sequía.

Aquellos bultos abandonados en cualquier calleja
eran una simple etiqueta en la que rezaba:
"daños colaterales"

Seguí ,tozudo, implorando milagros a mi Dios
e inventando cada día  nuevas plegarias
(acompañadas incluso de alguna lágrima
a ver si así lo camelaba)
Pero cada vez más niños se morían de sed
y de hambre.

Me preguntaba: ¿es que mi Dios  mira para otro lado
o tan  mala memoria tiene
que ha olvidado que hay guerras y hambre?

Cuando un fusil dispara a un inocente,
¿donde están los dioses?:
¿se esconden?, ¿se burlan de nosotros?
o será que la vejez ha mermado sus poderes.

Antaño convertían el agua en vino en una boda.
( fútil esfuerzo, que se hubiera arreglado
con unos simples denarios)
y ahora no pueden acallar el hambre
de un niño que morirá mañana,
o la mutilación de una niña
que mira con ojos espantados, suplicantes.

Cuando le pregunté al viejo misionero
porque Dios no concede un milagro a un niño;
sus ojos fatigados me miraron con tristeza.
Se marchó si responderme.
Parecía que en su espalda
encorvada llena de sol y miseria
llevaba el peso de todos los hombres.

Más tarde, cuando supe
que la fe no se puede sujetar con el crimen
ni hay un Dios que merezca un sacrificio,
invoque a todos los demonios;
Incluso quise vender mi alma al diablo.

Como pedir, pedía poco:
bajaría con gusto a los infiernos,
si me acompañaba  alguno de esos triunfadores
que acostumbran a cambiar avaricia por sangre.

Pero ni con los demonios hubo suerte;
seguramente estaría el infierno colmado
y al fin de cuentas la prisa no es su problema.

Y entre éstas, pasé de niño a muchacho
y de creyente a descreído.
Y aquí estoy ahora: olvidado de dioses y demonios
y con esa amarga nostalgia de recordar
cuando era niño y creía en los milagros.

Hernán 12/04/17